jueves, 7 de julio de 2022

01. REVELACIONES SOBRE EL JUICIO.

 Que Es El Trono De Dios Y Como Se Manifiesta En Nosotros.

El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Ecle. 12:13.

EN EL DÍA CUANDO cada uno sea recompensado de acuerdo con sus obras, ¿cómo se verán a sí mismos los transgresores, ya que por unos momentos se les permitirá ver el registro de sus vidas según escogieron vivirla, sin tener en cuenta la ley que a través de los siglos regirá el universo?

VERÁN, ENTONCES, qué es lo que Dios deseaba que hicieran. 

SE DARÁN CUENTA de que deberían haber usado los privilegios comprados con sangre, en favor de la verdad y la justicia.

ENTENDERÁN que en vez de colocar sus talentos e influencia del lado de la rebelión, fortaleciendo así las fuerzas del enemigo, deberían haber dedicado sus energías a ser buenos y a hacer el bien. . .

EN EL DÍA DEL JUICIO los hombres verán en qué se podrían haber convertido por medio del poder de Cristo. VERÁN cómo han robado a Dios. 

SE DARÁN CUENTA de que apostataron de su Creador.

VERÁN EL BIEN que podrían haber hecho pero no hicieron. SE NEGARON categóricamente a ser mejores. LOS ESFUERZOS realizados en su favor fueron vanos.

CONOCIERON las exigencias de Dios, pero se negaron a cumplir las condiciones establecidas en su Palabra. POR SU PROPIA ELECCIÓN se unieron a los demonios. 

EL PODER que les fue otorgado para que lo usaran en el servicio de Dios, lo emplearon para servirse a sí mismos.

HICIERON DEL YO SU DIOS, y rehusaron entregarse a cualquier otro control. SE ENGAÑARON A SÍ MISMOS y se hicieron despreciables a los ojos del Altísimo.

AL TRABAJAR del lado del poder de las tinieblas, animaron a otros a hacer lo mismo. SE COLOCARON con alma, cuerpo y espíritu de parte del enemigo, entregando como ofrenda voluntaria en el altar de Satanás lo que deberían haber ofrecido a Dios. . .

EN EL DÍA DEL JUICIO todo esto se despliega ante los impenitentes. 

ESCENA TRAS ESCENA pasa ante ellos.

CLARAMENTE, como a la luz del sol del mediodía, todos ven lo que podrían haber tenido si hubieran cooperado con Dios en vez de oponérsele.

EL CUADRO no puede modificarse. SUS CASOS están decididos para siempre. 

DEBEN MORIR con aquellos cuyos caminos y obras siguieron.

UN RAYO DE LUZ llegará a todas las almas perdidas. ENTENDERÁN plenamente el misterio de la piedad que despreciaron y aborrecieron durante su vida. 

Y LOS ÁNGELES CAÍDOS, dotados de una inteligencia superior a la del hombre, se darán cuenta de lo que hicieron al emplear sus poderes para inducir a los seres humanos a escoger el engaño y la falsedad.

TODOS los que se unieron al impostor, los que se instruyeron en sus caminos y practicaron sus engaños, deben perecer con él. . . 

EL SEÑOR JESÚS los mira compasivamente y dice: "Apartaos". 

EN ESTE MOMENTO se comprenderán los capítulos 3 y 4 de Zacarías. 

ATO 201/EGW(MHP

AUDIO. https://www.youtube.com/watch?v=JB69leZABPo&list=PLVsLdOIe7sVsl7BOhqkfsBrPJMM5eRtyX&index=8&pp=sAQB

(Manuscrito 37, del 8 de julio de 1900, "Las revelaciones del juicio"). 202



lunes, 21 de marzo de 2022

16. UN EFICAZ PODER INVISIBLE (I. EN LOS LUGARES CELESTIALES). EGW

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El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu (Juan 3:8)

El Espíritu Santo contiende con cada hombre. Es la voz de Dios que habla al alma (Review and Herald, 27 de julio, 1897).

Ningún razonamiento humano del hombre más erudito puede definir las operaciones del Espíritu Santo en la mente y el carácter humanos; sin embargo, se pueden ver sus efectos en la vida y las acciones. . .

Aunque no podemos ver el Espíritu de Dios, sabemos que los hombres que han estado muertos en delitos y pecados quedan convencidos y convertidos bajo la operación del Espíritu. Los insensatos y extraviados se vuelven serios.  

Los endurecidos se arrepienten de sus pecados, y los incrédulos se vuelven creyentes. Los jugadores, los borrachos y los licenciosos se tornan juiciosos, sobrios y puros. Los rebeldes y los obstinados se hacen humildes y semejantes a Cristo.

Cuando vemos esos cambios en el carácter, podemos estar seguros de que el poder de Dios que convierte ha transformado el ser entero. No vimos al Espíritu Santo pero sí vimos las evidencias de su obra en los caracteres cambiados de los que eran pecadores endurecidos y obstinados. Así como el viento sopla con fuerza sobre los árboles elevados y los derriba, así el Espíritu Santo puede obrar en el corazón humano y ningún ser humano finito puede circunscribir la obra de Dios. . . No podéis ver el instrumento que obra, pero sí podéis ver sus efectos (Id., 5 de mayo, 1896).

Los que no sólo oyen, sino que hacen las palabras de Cristo ponen de manifiesto en el carácter la operación del Espíritu Santo. El resultado de la obra interna del Espíritu Santo se demuestra en la conducta externa. 

La vida del cristiano se oculta con Cristo en Dios, y Dios reconoce a los que son suyos declarando: "Vosotros sois mis testigos". Ellos testifican que el poder divino está influyendo en su corazón y dando forma a su conducta. Sus obras dan evidencia de que el Espíritu está actuando en el hombre interior; los que se relacionan con ellos están convencidos de que tienen a Cristo como su modelo.

Los que están en unión con Dios, son conductos por los que fluye el poder del Espíritu Santo. La vida interior del alma se revelará en la conducta externa.

(Id., 12 de mayo, 1896). 23

 

sábado, 18 de julio de 2020

15. LA GRACIA DE DIOS TRANSFORMA LA VIDA. (I. EN LOS LUGARES CELESTIALES).


No te maravilles de que te dije: 
Os es necesario nacer de nuevo. (Juan 3: 7)
La gran verdad de la conversión del corazón por el Espíritu Santo es presentada en las palabras de Cristo a Nicodemo: "De cierto, de cierto te digo que el que no naciere de nuevo [o de lo alto], no puede ver el reino de Dios... Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es" (Juan 3: 3-6) (Review and Herald, 7 de julio, 1904).

Es por la renovación del corazón como la gracia de Dios obra para transformar la vida. 
Ningún cambio externo es suficiente para ponernos en armonía con Dios. Hay muchos que tratan de reformarse corrigiendo este mal hábito o aquel mal hábito y esperan hacerse cristianos en esa forma, pero están comenzando en el lugar equivocado. Nuestra primera obra debemos realizarla dentro del corazón...
La levadura de la verdad obra secreta, silenciosa y continuamente para transformar el alma. 
Las inclinaciones naturales son suavizadas y subyugadas. Son implantados nuevos pensamientos, nuevos sentimientos y nuevos motivos. Se establece una nueva norma de carácter: la vida de Cristo. La mente se cambia; las facultades se despiertan para actuar en nuevas líneas. El hombre no es dotado con nuevas facultades sino que las facultades son santificadas.  La conciencia se despierta.
Las Escrituras son el gran instrumento en esta transformación del carácter.  Cristo oró. "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad" (Juan 17: 17). Si es estudiada y obedecida, la Palabra de Dios actúa en el corazón subyugando todo atributo no santificado.  El Espíritu Santo acude para convencer de pecado, y la fe que surge en el corazón obra por el amor a Cristo conformándonos, cuerpo, alma y espíritu, a su voluntad.
Un hombre ve su peligro. Comprende que necesita un cambio de carácter, un cambio de corazón. Es conmovido; sus temores despiertan. El Espíritu de Dios está obrando en él, y él trabaja por sí mismo con temor y temblor... para llevar a cabo el cambio que su vida necesita. . . Confiesa sus pecados a Dios, y si ha perjudicado a alguien, confiesa el daño a aquel que ha perjudicado. . . Procede en armonía con la obra del Espíritu y su conversión es genuina (Ibíd.). 22

14. UN CAMBIO DE CORAZÓN. (I. EN LOS LUGARES CELESTIALES).


Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.( Hech. 3: 19)
A fin de ser salvados debemos conocer por experiencia el significado de la verdadera conversión.  Es un error pavoroso que hombres y mujeres prosigan día tras día profesando ser cristianos sin tener derecho a ese nombre.  A la vista de Dios, la profesión no es nada, la posición no es nada.  El pregunta: ¿Está la vida en armonía con mis preceptos?  Hay muchos que suponen que están convertidos, pero no pueden soportar la prueba de carácter presentada en la Palabra de Dios. . .
La conversión es un cambio de corazón, un apartarse de la injusticia a la justicia.  Confiando en los méritos de Cristo, ejerciendo verdadera fe en él, el pecador arrepentido recibe perdón de su pecado. Al dejar de hacer mal y al aprender a hacer bien crece en la gracia y el conocimiento de Dios.  Comprende que para seguir a Jesús debe separarse del mundo y, después de haber estimado el costo, lo considera todo pérdida si tan sólo puede ganar a Cristo. Se alista en el ejército de Cristo y valiente y gozosamente entra en la contienda y lucha contra las inclinaciones naturales y los deseos egoístas y coloca la voluntad en sujeción a la voluntad de Cristo.  Diariamente busca al Señor en procura de gracia, y es fortalecido y ayudado. El yo una vez reinaba en su corazón y los placeres mundanos eran su delicia. Ahora el yo está destronado y Dios reina supremo.  Su vida revela el fruto de la justicia.  Ahora odia los pecados que antes amaba.  Avanza con firmeza y resolución por la senda de la santidad.  
Esta es la conversión genuina. ..
No nos olvidemos que en su conversión y santificación, el hombre debe cooperar con Dios.   "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor", declara la Palabra, "porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil. 2: 12 ,13). 
El hombre no puede transformarse a sí mismo por el ejercicio de su voluntad.  No tiene poder por el cual pueda efectuarse ese cambio. La energía renovadora debe venir de Dios. El cambio puede ser hecho sólo por el Espíritu Santo. El que ha de ser salvado, encumbrado o humilde, rico o pobre, debe someterse a la acción de ese poder. 
(Review and Herald, 7 de julio, 1904). 21

13. LA SALVACIÓN ES UN CONTRATO MUTUO. (I. EN LOS LUGARES CELESTIALES).


Mas a todos los que recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. (Juan 1: 12)
La salvación es un contrato mutuo.  "A todos los que le recibieron. . . les dio potestad de ser hechos hijos de Dios".  Con todo vuestro corazón, mente y alma, ¿entraréis en este contrato? (Manuscrito 8, 1914).
Acudid a vuestro Redentor con fe y amante confianza, en procura de poder y sabiduría para hacer la obra de la edificación del carácter. El se sienta como refinador para purificar el oro y la plata de toda escoria. Por lo tanto, recurrid continuamente a Cristo, y ningún material ordinario o sin valor habrá en la estructura de vuestro carácter.
Por fe podéis aceptar los méritos de la sangre del Hijo de Dios que fue derramada para que el pecador no perezca sino tenga vida eterna. Dios ha puesto sobre él todo poder para que pueda ayudar a todo el que rompe con Satanás y reconoce a Cristo como su única esperanza... Cuando estéis listos para cooperar con Aquel que puede preservaros de caer, vuestras resoluciones serán de algún valor. Cristo, el principal Restaurador, os sanará. El trabaja poderosamente con todo el que es diligente. El proporcionará fortaleza y victoria. Aquel que os compró como propiedad suya, puede quitaros todos los rasgos de carácter bajos y viles...
Romped con el enemigo. Desprendeos del príncipe del poder del aire y de la legión de sus colaboradores.
Satanás resistirá los esfuerzos de los que eligen estar del lado del Señor. Recurrirá a toda suerte de engaño para frustrar sus esfuerzos. Pero Dios ha dado a su Hijo para que llevase los pecados de los que buscan la verdad y la justicia divinas.  Está listo para impartir gracia a todo el que acude a él con fe...
El ejercicio de la fe y el valor resuelto ampliarán la comprensión de lo que significa ser cristiano. Hemos de buscar aquella fe que obra por el amor y purifica el alma. Tendremos severas luchas con nuestras tendencias al mal, hereditarias y cultivadas. Debe haber una firme dependencia del Capitán de nuestra salvación. El no fallará en hacer su parte (Ibíd.). 20

martes, 8 de octubre de 2019

12. CRISTO, LA REVELACIÓN DE DIOS (I. EN LOS LUGARES CELESTIALES).


Pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, 
y habéis creído que yo salí de Dios. (Juan 16: 27).    
Nos aterrorizamos cuando contemplamos la santidad y la gloria del Dios del universo pues sabemos que su justicia no le permitirá absolver al culpable.  Pero no necesitamos permanecer en el terror pues Cristo vino al mundo a revelar el carácter de Dios, a explicarnos su amor paternal para sus hijos adoptivos.  No hemos de estimar el carácter de Dios sólo por las estupendas obras de la naturaleza sino por la sencilla y amante vida de Jesús que presentó a Jehová como más misericordioso, más compasivo, más tierno que nuestros padres terrenales.

Jesús dio a conocer al Padre como Uno a quien podemos darle nuestra confianza y presentarle nuestras necesidades.  Cuando nos aterrorizamos ante Dios y estamos abrumados por el pensamiento de su gloria y majestad, el Padre nos señala a Cristo como su representante.  Lo que veis revelado en Jesús, la ternura, la compasión y el amor, es el reflejo de los atributos del Padre.  La cruz del Calvario revela al hombre el amor de Dios.  Cristo representa al Soberano del universo como a un Dios de amor.  El dijo por la boca del profeta: 
 "Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia" (Jer. 31: 3).

Tenemos acceso a Dios por los méritos del nombre de Cristo, y Dios nos invita a llevarle nuestras pruebas y tentaciones, pues las entiende todas.  El no quiere que nosotros derramemos nuestras quejas en oídos humanos.  Por la sangre de Cristo podemos llegarnos al trono de la gracia, y hallar gracia para el oportuno socorro.  Con seguridad podemos allegarnos diciendo: "Mi aceptación es en el Amado".  "Por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre" (Efe. 2: 18). "En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él" (Efe. 3: 12).

Como un padre terrenal anima a su hijo para que vaya a él siempre, así el Señor nos anima a depositar ante él nuestras necesidades y perplejidades, nuestra gratitud y nuestro amor.  Cada promesa es segura.  Jesús es nuestra Garantía y Mediador, y ha colocado a nuestra disposición todos los recursos a fin de que podamos tener un carácter perfecto. (Youth's Instructor, 22 de septiembre, 1892). 19 EGW

11. PODER INFINITO (I. EN LOS LUGARES CELESTIALES).


¿Quién es éste que viene de Edom, de Bosra, con vestidos rojos? ¿éste hermoso en su vestido, que marcha en la grandeza de su poder? Yo el que hablo en justicia, grande para salvar ( Isa. 63:1).

El Unigénito de Dios vino a este mundo para redimir a la raza caída.  Nos ha dado evidencia de su gran poder.  Capacitará a los que lo reciben para formar caracteres libres de todas las tendencias que Satanás revela.  Podemos resistir al enemigo y a todas sus fuerzas. Ganará la batalla y obtendrá la victoria, el que elige a Cristo como a su jefe, determinado a hacer lo correcto porque es correcto.

Nuestro divino Señor es suficiente para cualquier emergencia.  Nada es imposible para él.  Ha mostrado su gran amor por nosotros al vivir una vida de abnegación y sacrificio, y al morir una muerte de agonía.  Id a Cristo tales como sois, débiles, impotentes y listos para morir.  Depended plenamente de su misericordia.  No hay dificultad interna o externa que no pueda ser vencida con su fortaleza.

Algunos tienen temperamentos coléricos; pero Aquel que calmó el tormentoso Mar de Galilea dirá al corazón agitado: "Calla, enmudece".  No hay ninguna naturaleza tan rebelde que Cristo no pueda subyugar, ningún temperamento tan tempestuoso que no pueda aplacar, si se entrega el corazón al cuidado de Cristo.

El que encomienda su alma a Jesús no tiene razón para desesperar, porque tenemos un Salvador todopoderoso.  Mirando a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, podéis decir:  "Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.  Por tanto, no temeremos aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza" (Sal. 46: 1- 3)...

Tengamos más confianza en nuestro Redentor.  No os apartéis de las aguas del Líbano para buscar refrigerio en cisternas rotas que no pueden retener agua.  Tened fe en Dios. . . El es infinito en poder y puede salvar a todos los que se le allegan.  No hay otro en quien podamos confiar con seguridad.
 (Review and Herald, 9 de junio, 1910). 18

10. NO PARA CONDENAR SINO PARA SALVAR (I. EN LOS LUGARES CELESTIALES).


Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, 
sino para que el mundo sea salvo por él. Juan 3: 17.

Hay almas que están trémulas en sus dudas.  
Preguntan: "¿Cómo puedo saber que Dios se ha reconciliado conmigo? 
¿Cómo puedo estar seguro de que me ama y perdona?" 

No depende de vosotros, queridos jóvenes, el que os justifiquéis con Dios.  Jesús os invita a ir a él con todas vuestras cargas y perplejidades... Dice: "Venid a mí, aprended de mí, creed en mí".  Aceptad la promesa y la provisión que ha hecho Dios... Apartad vuestra vista del yo y contemplad a Jesús, porque el carácter del Padre es revelado por Cristo.  La sangre de Cristo, en su permanente eficacia, es nuestra única eficacia; pues sólo mediante sus méritos tenemos perdón y paz. (Youth's Instructor, 22 de septiembre, 1892).

El carácter de Dios, tal como se revela en Cristo, invita nuestra fe y amor; pues tenemos un Padre cuya misericordia y compasión no fallan.  En cada paso de nuestra jornada hacia el cielo estará con nosotros para guiarnos en cada perplejidad, para ayudarnos en cada tentación. (Id., 29 de septiembre, 1892).

Vuestra razón e imaginación deberían ser enternecidas por el poder de Cristo, para que reciban la impresión del molde de la belleza y la verdad.  Hay grandes y preciosas verdades que demandan vuestra contemplación, a fin de que podáis tener un fundamento firme para vuestra fe teniendo un correcto conocimiento de Dios.  Ojalá supiera el superficial y vano buscador de la verdad que el mundo por su sabiduría, no importa cuánta hubiera adquirido, no conoció a Dios.

Es propio procurar aprender todo lo posible de la naturaleza, pero no dejéis de llevar la vista de la naturaleza a Cristo para la representación completa del carácter del Dios viviente.  Mediante la contemplación de Cristo, por medio de la conformidad con la semejanza divina, se expandirán vuestros conceptos del carácter divino y se elevarán, refinarán y ennoblecerán vuestra mente y vuestro corazón.  Que los jóvenes apunten bien alto, sin confiar en la sabiduría humana, pero viviendo cada día como si vieran al Ser invisible y llevando a cabo su obra como si estuviesen en presencia de las inteligencias celestiales... El que depende constantemente de Dios con fe sencilla y confianza acompañada de oración, estará rodeado por los ángeles del cielo... (Ibíd.). 17

lunes, 30 de septiembre de 2019

09. JUSTICIA MEDIANTE CRISTO. I. EN LOS LUGARES CELESTIALES.


Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. (2 Cor. 5: 21).

El Dios de justicia no escatimó a su Hijo. . . Toda la deuda por las transgresiones de la ley de Dios fue exigida de nuestro Mediador.  Se requirió una expiación completa.  Cuán apropiadas son las palabras de Isaías: "Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento".  Su vida fue puesta en "expiación por el pecado".  "El herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados" (Isa. 53: 10, 5).

Jesús sufrió la pena máxima de la ley por nuestras transgresiones, y la justicia fue plenamente satisfecha. 

La ley no está abrogada; no ha perdido ni una jota de su fuerza.  Por el contrario, se yergue en santa dignidad, porque la muerte de Cristo en la cruz testifica de su inmutabilidad.  Sus demandas han sido satisfechas, su autoridad mantenida.

Dios no escatimó a su Unigénito.  Para mostrar la profundidad de su amor por la humanidad, lo entregó por todos nosotros.   "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo"  (Juan 1: 29).  Miradlo muriendo en la cruz.  Mirad a Aquel que es igual a Dios escarnecido y ridiculizado por la plebe.  Miradlo en el Getsemaní, agobiado bajo el peso de los pecados de todo el mundo.

¿Fue remitido el castigo debido 
a que era el Hijo de Dios? 
¿Fueron retenidas las copas de la ira de Aquel que fue hecho pecado por nosotros?  
Sin disminución cayó el castigo sobre nuestro Sustituto divino-humano.

Oigamos su clamor: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mar. 15: 34).  Fue tratado como pecador, para que pudiéramos ser tratados como justos, para que Dios pudiera ser justo, y sin embargo el justificador del pecador. . .
El amor que existe entre el Padre y el Hijo no puede ser descrito.  Es inconmensurable.  En Cristo Dios vio la belleza y la excelencia de la perfección que mora en sí mismo. . .
El lenguaje es demasiado débil para que podamos intentar describir el amor de Dios.  Creemos en él, nos regocijamos en él, pero no podemos abarcarlo (Manuscrito 31, 1911). 16 EGW 

08. EL TEMA MAS EXCELSO. I. EN LOS LUGARES CELESTIALES.


En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. (1 Juan 4: 9)

El plan de la redención por el cual el misericordioso Redentor divino-humano rescató al hombre de la esclavitud del pecado, escapa a la comprensión de los hombres o los ángeles.  Es ciertamente un misterio tan excelente, tan grande, tan sublime, que nunca podemos esperar comprenderlo plenamente.

No tiene paralelo el sacrificio de Cristo por el hombre caído.  Es el tema más excelso y sagrado en que podamos meditar.  Cada corazón que es iluminado por la gracia de Dios es constreñido a inclinarse con inexpresable gratitud y adoración delante del Redentor por su sacrificio infinito.

En su vida, Jesús de Nazaret se diferenció de todos los otros hombres. . . Es el único verdadero modelo de bondad y perfección.  Desde los comienzos de su ministerio, los hombres comenzaron a comprender más claramente el carácter de Dios. . . La misión de Cristo en el mundo consistía en revelar a los hombres que Dios no era un déspota, sino un Padre celestial lleno de amor y misericordia hacia sus hijos.  Se refirió a Dios llamándolo cariñosamente "mi Padre". . .

En todos los sufrimientos y aflicciones del hombre hay un Ojo que se compadece, un Corazón que ama.  "Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen" (Sal. 103: 13).  Se prodiga sobre nosotros el más tierno cuidado de Dios.  Se compadece de nosotros en nuestras debilidades y en nuestros dolores.  Podemos estar abatidos, aun desesperados; pueden estar sobre nosotros las densas nubes de aflicción; pero hay luz más adelante.  Más allá de la lobreguez hay un Amigo que simpatiza y se compadece, Alguien que no apesadumbra ni aflige voluntariamente a los hijos de los hombres (Manuscrito 132, 1902).

En las generosas bendiciones que nuestro Padre celestial ha prodigado sobre nosotros, podemos discernir innumerables evidencias de un amor que es infinito, y una tierna compasión que sobrepasa la simpatía anhelante de una madre por su hijo extraviado.  Cuando estudiamos el carácter divino a la luz de la cruz, vemos misericordia, ternura y perdón entremezclados con equidad y justicia... 
(Testimonies, tomo 4, págs. 461, 462). EGW 15

domingo, 14 de julio de 2019

07. SOLO UN REDENTOR. I. EN LOS LUGARES CELESTIALES.


Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, 
Cristo murió por nosotros. (Rom. 5: 8)

Tan pronto como hubo pecado, hubo un Salvador.  Cristo sabia lo que tendría que sufrir, sin embargo se convirtió en el sustituto del hombre.  Tan pronto como pecó Adán, el Hijo de Dios se presentó como fiador por la raza humana. (SDA Bible Commentary, tomo 1, pág. 1084).

Pensad cuánto le costó a Cristo dejar los atrios celestiales y ocupar su puesto a la cabeza de la humanidad. ¿Por qué hizo eso?  Porque era el único que podía redimir la raza caída.  No había un ser humano en el mundo que estuviera sin pecado.  El Hijo de Dios descendió de su trono celestial, depuso su manto real y corona regia y revistió su divinidad con humanidad.  Vino a morir por nosotros, a yacer en la tumba como deben hacerlo los seres humanos y a ser resucitado para nuestra justificación.

Vino a familiarizarse con todas las tentaciones con las que es acosado el hombre.  Se levantó del sepulcro y proclamé sobre la tumba abierta de José: "Yo soy la resurrección y la vida".  Uno igual a Dios pasó por la muerte en nuestro favor.  Probó la muerte por cada hombre para que por medio de él cada ser humano pudiera participar de la vida eterna.

Cristo ascendió al cielo con una humanidad santificada y santa.  Llevó esa humanidad consigo a los atrios celestiales y la tendrá a través de los siglos eternos, como Aquel que ha redimido a cada ser humano en la ciudad de Dios, Aquel que ha rogado ante el Padre: "Los tengo esculpidos en las palmas de mis manos".  Las palmas de sus manos llevan las marcas de las heridas que recibió.  Si somos heridos y magullados, si hacemos frente a inconvenientes difíciles de sobrellevar, recordemos cuánto sufrió Cristo por nosotros. . .
Nuestro Salvador soportó todo lo que somos llamados a soportar, de modo que ningún ser humano pudiera decir: "No conoce mis sufrimientos y mis pruebas".  En todas nuestras aflicciones fue afligido (Review and Herald, 9 de marzo, 1905). En Lugares Celestiales (EGW). MHP